Por: Laura M. Garay
Internet forma parte de nuestra vida cotidiana. Todos los días utilizamos redes sociales, aplicaciones, plataformas digitales y servicios en línea que nos permiten comunicarnos, comprar, trabajar o entretenernos. Una fotografía tomada en tu oficina puede mostrar tu gafete. Una foto del coche, las placas. Una historia de vacaciones anuncia que tu casa está sola. Ninguno de esos datos parece grave por separado; juntos, dibujan tu rutina con precisión.
Eso es la huella digital, un conjunto de información que generamos mediante nuestra actividad en internet. Cada vez que publicas, buscas, compartes ubicación, le das “me gusta”. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), a través de su Unidad de Inteligencia, Investigación Cibernética y Operaciones Tecnológicas, advierte que esa información permite conocer tus hábitos, tus relaciones, los lugares que frecuentas y tus horarios, por lo que resulta importante aprender a protegerla.
El riesgo no está en usar internet. Está en no saber qué estás entregando.
Cuatro medidas que sí funcionan:
1° Pensar antes de publicar. Antes de compartir una fotografía, ubicación o dato personal, conviene preguntarnos qué información estamos revelando, quién podrá verla y si realmente es necesario compartirla.
2° Revisar la configuración de privacidad. De manera periódica revisar la configuración de nuestras redes sociales y aplicaciones, limitar el acceso a nuestras publicaciones y evitar proporcionar información personal innecesaria.
3° Cuidar las imágenes. Prestar atención a las fotografías y videos. Una imagen puede mostrar, sin que lo advirtamos, identificaciones, gafetes laborales, placas de vehículos, domicilios, documentos o lugares que permitan conocer nuestra ubicación.
4° Reserva las rutinas. Evitar publicar información sobre viajes, horarios ya que puede revelar que una persona se encuentra fuera de su domicilio o dónde puede ser localizada.
La protección de la huella digital es particularmente importante tratándose de niñas, niños y adolescentes. Las personas responsables de su cuidado deben acompañarlos en el uso de internet y enseñarles que la información que comparten puede permanecer disponible durante mucho tiempo. Más que prohibir el uso de las herramientas digitales, es necesario fomentar una cultura de prevención que les permita identificar qué información pueden compartir y con quién.
Desde una perspectiva de protección de datos personales. La legislación en materia de protección de datos personales —Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares, publicada el 20 de marzo de 2025— te da derechos frente a quienes tratan tus datos: puedes acceder a ellos, rectificarlos, cancelarlos y oponerte a su uso (derechos ARCO), y acudir ante la autoridad competente cuando no se respeten.
En este sentido, las recomendaciones de la SSPC nos recuerdan que la seguridad digital comienza con acciones cotidianas; lo que publicas voluntariamente en un perfil abierto es otra historia: una vez difundido, el control real se reduce mucho. Por eso la mejor protección sigue siendo la primera decisión, la de publicar o no.
Nuestra huella digital se construye todos los días. Antes de “publicar”, vale la pena una pregunta de tres segundos: ¿quiero que esta información forme parte de mi vida digital?

